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La ganadería intensiva o cómo hipotecar nuestro futuro

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Para que tú, como consumidor, puedas disponer las 24 horas del día una hamburguesa por 1€ es necesaria una oferta alimentaria basada en la agricultura intensiva.

Este tipo de agricultura consiste en conseguir el máximo rendimiento en el mínimo espacio y en el mínimo tiempo posible.

Y para lograr cubrir esa demanda se sobreproduce de tal manera que las consecuencias son que o bien nos alimentamos más de lo necesario convirtiéndonos en una sociedad enferma de obesidad o bien tiramos gran parte de esa producción (un tercio del alimento producido mundial acaba en la basura).

 

Pero lo más grave de todo es que la agricultura intensiva es una de las actividades más perjudiciales para el medioambiente que existen bajo la mano del ser humano: por la cantidad de recursos que consume, especialmente agua potable, y por la emisión de gases como el CO2.

 

La alternativa existe, se llama ganadería extensiva. Ese modelo es tan antiguo como el de la ganadería misma, consiste en que los animales dispongan espacio y tiempo suficiente para crecer de forma natural. Por supuesto que eso provoca que el producto final sea más caro para el consumidor, pero se trata de un precio real, y no envenado como el de la ganadería intensiva.

 

Y por ello, con algo tan inocente como comprar un producto cárnico a menos precio del que tendría si su origen fuese la ganadería extensiva, o si estás consumiendo más carne de lo que se necesita, estás contribuyendo a mantener ese sistema tan perjudicial para nuestro entorno y por lo tanto para nosotros mismos.

 

Lo barato sale caro, nunca mejor dicho. Si quieres cambiar el mundo, cambia tus hábitos de consumo.

 

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