Sólo un suicidio del PP podría poner fin al desafío catalán

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Artículo proveniente del blog de su autor.

Quisiera equivocarme. Porque deseo que Cataluña se quede en España. En mi condición de internacionalista convencido, siempre pensé que la libertad de las personas en un mundo global es más fácil de garantizar cuando los marcos democráticos abarcan territorios más amplios. Los nacionalismos tienen a ser proteccionistas con lo suyo y a argumentar que son los de fuera los que les roban. Siempre pensé que cuantas menos diferencias legales haya entre territorios más fácil es la convivencia entre las personas, lo cual debería ser objetivo prioritatrio en política. Dicho esto, me parece más que evidente que si la respuesta a un nacionalismo es “otro nacionalismo”, si la respuesta a un comportamiento despótico es “otro comportamiento despótico en sentido contrario“, estamos condenados al fracaso si lo que queríamos era mejorar la convivencia.

Vivimos tiempos difíciles. Tiempos tan difíciles en los que, luchar por la convivencia debería volverse una emergencia: ¡es como si hubiéramos olvidado que la paz es un tesoro! Bien, ante la imposibilidad de dar propuestas serias ante la grave crisis de empleo y de dar confianza para que se vuelva a confiar en las instituciones, los partidos que no son PPSOE tienden a radicalizarse. Ya dediqué unas líneas a hablar sobre IUPyD, ahora me toca hablar de CiU. Y bien, ¿qué hay detrás del reciente cambio de estrategia con el que rompen con su nacionalismo catalán moderado para defender abiertamente la independencia?

Como castellano, y para empezar, no puedo sino respetar y tratar de ponernerme en el lugar de los que reivindican la independencia. Soy de los que piensa que no debería basarse la política en los sentimientos, pero ante todo, lo que no se puede es obviarlos. No soy catalán, luego insisto, como castellano, no puedo sino respetar las reivindicaciones de todos aquellos cuya realidad no conozco de cerca. Ahora bien, ¿es honesto que CiU pida la independencia de Cataluña? No, en absoluto. Me resulta mucho más honesto que pida la independencia ERC o que surja un partido como la CUP – Candidatura d’Unitat Popular. Pero no CiU.

CiU no, porque CiU es un partido que lo único que pretende es conservar su cuota de poder. Es un partido que forma parte de la oligarquía política, que ante la imposibilidad de combatir la crisis de empleo -recordemos que la tasa de desempleo en Cataluña en febrero de 2013 ha sido del 24% – y con unos cuantos casos de corrupción a su alrededor, prefieren “que se hable de otra cosa”. No quiero decir con esto que la reivincicación de la secesión no sea sincera, ¡claro que lo es!, ¡claro que quieren separarse!, la pregunta es ¿por qué ahora y no antes?

Pues mire usté, todo parece indicar que fue el fracaso en la reunión que tuvieron Mariano Rajoy y Artur Mas sobre el pacto fiscal lo que precipitó todo. Pero es que era una reunión que estaba condenada al fracaso. Por un lado teníamos a un Rajoy que, al gobernar con mayoría absoluta, podía permitirse la soberbia de no dar su brazo a torcer. Lo cierto es que eran coherentes con su ideario y podían argumentar, con razón, que eran los de CiU los que no cedían. Pero es que además, pudo pensar, con fines electoralistas que, si cedía lo más mínimo ante las presiones de Mas en pos de la convivencia, sería fuertemente criticado por UPyD. El caso es que, con tal desastre en las encuestas – recordemos que en septiembre de 2012, el PP tenía el 30,9% y UPyD el 9,8% de intención de voto- los populares no podían permitirse el lujo de perder más apoyo electoral en favor del partido magenta.

Por otro lado, ante este panorama, y con la estrategia premeditada de convocar elecciones la semana subsiguiente a la reunión con Rajoy: Más lo sabía, y sólo por eso, aquel era el momento de pedir la luna. Sin embargo, no creo que Convergencia i Unió fuera a cambiar su estrategia -probablemente para siempre- por una coyuntura electoralista. La razón que hay detrás de la deriva soberanista de CiU es precisamente UPyD. El futuro es implacable, y estando las cosas como están, CiU sabe que jamás volverá a ser partido bisagra. Ahora el PP tiene mayoría absoluta, pero a partir de las siguientes elecciones, sea PP o PSOE el que gobierne -eso suponiendo que no se hundan hasta niveles insispechados-será con los magentas con los que tendrán que pactar. Así, los de CiU, ante la imposibilidad de influír directamente en el Gobierno -lo cual, dicho sea de paso, siempre supuso un agravio comparativo para el resto de Comunidades Autónomas para conservar su cuota de poder no les quedaba otra que optar por el soberanismo. Claro, porque en el futuro sólo tendrán un sitio donde conservarla: el Parlament de Catalunya.

La solución la veo realmente complicada, pues, en mi opinión, sólo hay una manera de que Cataluña se quede en España: suicidándose el Partido Popular. Es decir, el Partido Popular debería rebajar la tensión con Cataluña lo suficiente como para propiciar un nuevo intento de acuerdo en el pacto fiscal, y después debería aceptar el órdago de Más, a cambio de que los catalanistas apostaran por la convivencia desechando la deriva soberanista “para siempre”. Dándole “a los catalanes lo que quieran”, es verdad que se ahonda en el histórico agravio comparativo entre comunidades autónomas, lo cual será un argumento que podrá esgrimir UPyD para defender honestamente su programa; pero se dejaría sin argumentos a los de CiU. ¿Por qué?

Porque claro está que CiU plantea el “pacto fiscal” como algo que sabe que el Gobierno no aceptará, para poder tener excusa a la hora de plantear la independencia y conservar así su cuota de poder, allá donde se les deje: como en el Congreso ya será imposible, sólo les queda el Parlament. Pero, si el PP acepta su órdago para que renuncien a la independencia; ¿qué haría CiU después? Lo normal es que el triunfo en el pacto fiscal les hiciera ganar bastantes votos en Cataluña, pero se encontraría en una situación bastante delicada. Incoherente con sus proclamas del pasado al rechazar ahora la independencia y seguir sin tener poder de influencia real en el Congreso, seguirían perdiendo votos por su gestión de la crisis y sus casos de corrupción; ¿qué harán entonces para seguir ganando votos y conservar su cuota de poder? Pedir más y más, y Mas volverá a pedir dentro de un lustro otro pacto fiscal y si vuelven a decirle que no: pues volvería a un “me enfado y no respiro” pidiendo la independencia.

Pero en un lustro, o los años que sean, lo normal es que CiU haya terminado perdiendo bastantes votos. El PP, si bien es verdad que se hubiere suicidado en España, el pacto fiscal le hubiera hecho crecer electoralmente en Cataluña. ERC y CUP crecerían también bastante ante las incoherencias de CiU -entre otras muchas razones. Y los partidos que llevan un discurso conciliador para que Cataluña se quede en España -PSC y Ciutadans- lo normal es que también crezcan. Si bien es verdad que son dos partidos de diferente naturaleza, ambos tendrían ante sí el importante reto de dirigirse a los catalanistas moderados, para argumentarles desde la moderación que “mejor unidos”. Ahora bien, aunque estos dos partidos afrontaran este reto con la responsabilidad que merece desde ya: si el PP no se suicida, mucho me temo que será tarde, y que Cataluña se convertirá en poco tiempo en un Estado independiente. Vayámonos haciendo a la idea.

Escrito por alonsorgaz

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